Misión cumplida: ¡he conseguido actualizar mi blog! Resulta que no dispongo de mucho tiempo para ir a un cyber a escribir, así que aprovecho los viajes en autobús para ir apuntando mis notitas de viaje en un papel. Pero después he de transcribirlas al ordenador y esto conlleva unas horas: he aprovechado para hacerlo hoy pues estoy “encarcelado” en Estelí: es Viernes Santo y no hay autobuses para ningún lado…
Estelí es una pequeña ciudad del interior de Nicaragua. Es algo así como si te fueras a hacer turismo a Manlleu… Y no es sólo una boutade: Estelí es al sandinismo lo que Manlleu puede ser al independentismo, es decir, una especie de roccaforte llena de murales revolucionarios y de locales de las distintas asociaciones sandinistas. Es un lugar muy interesante porque a diferencia de las demás ciudades que he visitado, en Estelí el sandinismo sigue siendo una fuerza viva que mueve a la gente, que da de hablar, que despierta pasiones…
Hasta ahora, he tenido y sigo teniendo la impresión que el sandinismo es, hoy en día, una cuestión generacional, algo semejante a lo que fue el mayo del 68 para los que nacieron a finales de los cuarenta y a principios de los cincuenta en Europa, aunque de una forma mucho más radical, pues el sandinismo fue un movimiento armado que protagonizó una guerra civil. Hay una generación, aquella que integra a las personas que tuvieron entre quince y treinta y cinco o cuarenta años en los setentas y ochentas, que luchó – de verdad, es decir con rifle y pistola – contra la dictadura somocista, que se jugó la vida, que vio morir a hijos y hermanos, que puso bombas y subió al monte. Toda esta gente, que hoy en día tiene entre cuarenta y setenta años, es culturalmente, o mejor dicho, vitalmente sandinista. El FSLN puede estar dirigido por un personaje corrupto con tics dictatoriales, que es lo que sucede realmente, que esta generación seguirá votando sandinista, seguirá siendo sandinista: nunca votarás contra los sandinistas si perdiste a tu hijo por esos ideales y es por esto que los sandinistas siguen teniendo, pese al impresentable que les dirige, tanta fuerza y tanto apoyo social. Y la gente lo sabe, pues son innumerables los que me han dicho “el problema no son los sandinistas. ¡El sandinismo está lleno de gente honrada! El problema es Daniel Ortega”…
El primer día que estuve en Managua tuve la oportunidad de conversar durante un buen rato con Carmen Tomé Valiente, una cooperante española que ha vivido muchos años en Nicaragua y que ahora dirige los proyectos de Educació sense Fronteres en Dominicana. Ella fue y sigue siendo una sandinista convencida, pero me comentaba que como mucha otra gente está enormemente preocupada por lo que está sucediendo en el sandinismo nicaragüense: la gente está deprimida, decepcionada, rabiosa de ver como lo que fue unos de los movimientos renovadores más engrescadors de los años setenta y ochenta se ha convertido en un partido personalista a la venezolana.
Es muy interesante observar como el sandinismo actual ha conseguido corromper hasta su propia marca, convirtiendo su imagen de movimiento transformador moderno – colores rojo y negro, exaltación de la dimensión emancipadora que conlleva una lucha armada – en un partido catch all postmoderno que utiliza cualquier estratagema con tal de rasgar votos: los colores son ahora el rosa chicle y el azul fosforito y en los carteles hay una cara gigante de Daniel Ortega – que sustituye a la del líder histórico Carlos Fonseca, muerto durante la revolución – con el lema “¡servir al pueblo es servirle a Dios!” (sic.) También es apasionante ver como el mito de la revolución sandinista – que tuvo lugar en 1979 y que, como toda confrontación armada, sigue siendo cuestionada – ha sido substituido por una reconstrucción “pop” de la imagen de Sandino, que es un personaje mucho menos controvertido pues se enfrentó a los americanos y murió rápidamente, prácticamente sin tiempo para hacer nada.
Sin embargo, el problema de fondo que tendrán los sandinistas y que puede comprometer su supervivencia como movimiento político a medio plazo es su incapacidad de integrar a las nuevas generaciones en el movimiento. Como dije antes, el sandinismo es la expresión de una generación que luchó contra la dictadura de los Somoza. Pero ahora, que no hay dictadura somocista, los jóvenes se dan cuenta de que sus problemas son de una índole muy distinta a los que tuvieron que afrontar sus padres y no ven que el sandinismo dé respuestas a sus problemas. Además, como bien nos enseña la historia, las revoluciones se hacen siempre cuando la barriga está medio llena, porque cuando está completamente vacía la gente piensa siempre en comer. Hoy en día en Nicaragua no hay trabajo – en parte porque una gran parte de las inversiones norteamericanas desaparecieron después de la victoria del FSLN de hace dos años – y en consecuencia la gente se debe espavilar para comer. Si a esto le sumamos un reflujo generalizado y generacional de los valores políticos y un aumento exponencial del consumo de droga, entonces pasa a ser difícil que los jóvenes puedan movilizarse y luchar por algo. Los chavales que conocí en León son el ejemplo perfecto.
Así pues, aunque estén en el gobierno, tiendo a pensar que las cosas pintan mal para los sandinistas. Ahora bien, esta situación podría ser buena para el país. El sandinismo fue un movimiento revolucionario y armado de inspiración marxista que luchó contra una dictadura para implantar una sociedad socialista. En este sentido, el advenimiento de la democracia en Nicaragua es una consecuencia secundaria de la revolución. Y está más que demostrado que un partido blindado por los lazos de la sangre de los mártires no es el tipo de estructura política mejor adaptada al juego democrático. El declino del sandinismo podría dejar la puerta abierta a la creación de una partido democrático de masas de inspiración socialdemócrata que, sin duda alguna, gobernaría de una forma más democrática y con mejores resultados de gestión de lo que está haciendo el gobierno sandinista actual. Sin embargo, como dije antes, hay que resolver antes un problema generacional…
13/04/2009 at 10:31
Hola, Gabri. Estupendo poder seguir tus pasos y ver este mundo a través de tu mirada. Estoy aprendiendo muchísimo viajando por lugares que, igual, nunca iré. Además, me agrada bastante la manera como escribes. Un poco de historia, un poco de política y mucho de observación personal. Esto es el mejor. Seguimos tu pista. Beijos. Flavio